Islàndia fica els seus banquers a la presó

Un article de Votoenblanco.com que fa una recopilació dels fets ocorreguts a Islàndia fins aquesta primavera. Fets que no havien trobat gens de ressó als mitjans de comunicació.

Qué pasa en Islandia

I del mateix tema afegim un reportatge que va sortir al País, molt de temps després que les notícies d’Islàndia correguessin per la xarxa i entre els  moviments socials. S’ha de dir que és pràcticament l’única notícia sobre Islàndia als grans mitjans de comunicació en tots aquests mesos. Si els lectors s’havien queixat a la Defensora del Lector mai ho sabrem, ja que la Milagros Pérez Oliva no ha escrit cap article referint-se a aquest tema. Lamentablement.

Islandia enjaula a sus banqueros

La primera víctima de la crisis financiera hace un valiente intento de pedir responsabilidades

CLAUDI PÉREZ03/04/2011

Se busca. Hombre, 48 años, 1,80 metros, 114 kilos. Calvo, ojos azules. La Interpol acompaña esa descripción de una foto en la que aparece un tipo bien afeitado embutido en uno de esos trajes oscuros de 2.000 euros y tocado con un impecable nudo de corbata. Se ve a la legua que se trata de un banquero: este no es uno de esos carteles del salvaje Oeste. La delincuencia ha cambiado mucho con la globalización financiera. Y sin embargo, esta historia tiene ribetes de western de Sam Peckinpah ambientado en el Ártico. Esto es Islandia, el lugar donde los bancos quiebran y sus directivos pueden ir a la cárcel sin que el cielo se desplome sobre nuestras cabezas; la isla donde apenas medio millar de personas armadas con peligrosas cacerolas pueden derrocar un Gobierno. Esto es Islandia, el pedazo de hielo y roca volcánica que un día fue el país más feliz del mundo (así, como suena) y donde ahora los taxistas lanzan las mismas miradas furibundas que en todas partes cuando se les pregunta si están más cabreados con los banqueros o con los políticos. En fin, Esto es Islandia: paraíso sobrenatural, reza el cartel que se divisa desde el avión, antes incluso de desembarcar.

El presidente de uno de los grandes bancos ha sido detenido en Londres

El país fue saqueado por no más de 30 banqueros, políticos y empresarios

La codicia, la barra libre de crédito y los excesos hundieron el país

El tipo de la foto se llama Sigurdur Einarsson. Era el presidente ejecutivo de uno de los grandes bancos de Islandia y el más temerario de todos ellos, Kaupthing (literalmente, “la plaza del mercado”; los islandeses tienen un extraño sentido del humor, además de una lengua milenaria e impenetrable). Einarsson ya no está en la lista de la Interpol. Fue detenido hace unos días en su mansión de Londres. Y es uno de los protagonistas del libro más leído de Islandia: nueve volúmenes y 2.400 páginas para una especie de saga delirante sobre los desmanes que puede llegar a perpetrar la industria financiera cuando está totalmente fuera de control.

Nueve volúmenes: prácticamente unos episodios nacionales en los que se demuestra que nada de eso fue un accidente. Islandia fue saqueada por no más de 20 o 30 personas. Una docena de banqueros, unos pocos empresarios y un puñado de políticos formaron un grupo salvaje que llevó al país entero a la ruina: 10 de los 63 parlamentarios islandeses, incluidos los dos líderes del partido que ha gobernado casi ininterrumpidamente desde 1944, tenían concedidos préstamos personales por un valor de casi 10 millones de euros por cabeza. Está por demostrar que eso sea delito (aunque parece que parte de ese dinero servía para comprar acciones de los propios bancos: para hinchar las cotizaciones), pero al menos es un escándalo mayúsculo.

Islandia es una excepción, una singularidad; una rareza. Y no solo por dejar quebrar sus bancos y perseguir a sus banqueros. La isla es un paisaje lunar con apenas 320.000 habitantes a medio camino entre Europa, EE UU y el círculo polar, con un clima y una geografía extremos, con una de las tradiciones democráticas más antiguas de Europa y, fin de los tópicos, con una gente de indomable carácter y una forma de ser y hacer de lo más peculiar. Un lugar donde uno de esos taxistas furibundos, tras dejar atrás la capital, Reikiavik, se adentra en una lengua de tierra rodeada de agua y deja al periodista al pie de la distinguida residencia presidencial, con el mismísimo presidente esperando en el quicio de la puerta: cualquiera puede acercarse sin problemas, no hay medidas de seguridad ni un solo policía. Solo el detalle exótico de una enorme piel de oso polar en lo alto de una escalera saca del pasmo a quien en su primera entrevista con un presidente de un país se topa con un mandatario, Ólagur Grímsson, que considera “una locura” que sus conciudadanos “tengan que pagar la factura de su banca sin que se les consulte”.

Y del presidente al ciudadano de a pie: de la anécdota a la categoría. Arnar Arinbjarnarsson es capaz de resumir el apocalipsis de Islandia con estupefaciente impavidez, frente a un humeante capuchino en el céntrico Café París, a dos pasos del Althing, el Parlamento. Arnar tiene 33 años y estudió ingeniería en la universidad, pero, al acabar, ni siquiera se le pasó por la cabeza diseñar puentes: uno de los bancos le contrató, pese a carecer de formación financiera. “La banca estaba experimentando un crecimiento explosivo, y para un ingeniero es relativamente sencillo aprender matemática financiera, sobre todo si el sueldo es estratosférico”, alega.

Islandia venía de ser el país más pobre de Europa a principios del siglo XX. En los años ochenta, el Gobierno privatizó la pesca: la dividió en cuotas e hizo millonarios a unos cuantos pescadores. A partir de ahí, bajo el influjo de Ronald Reagan y Margaret Thatcher, el país se convirtió en la quintaesencia del modelo liberal, con una política económica de bajos impuestos, privatizaciones, desregulaciones y demás: la sombra de Milton Friedman, que viajó durante esa época a Reikiavik, es alargada. Aquello funcionó. La renta per cápita se situó entre las más altas del mundo, el paro se estabilizó en el 1% y el país invirtió en energía verde, plantas de aluminio y tecnología. El culmen llegó con el nuevo siglo: el Estado privatizó la banca y los banqueros iniciaron una carrera desaforada por la expansión dentro y fuera del país, ayudados por las manos libres que les dejaba la falta de regulación y por unos tipos de interés en torno al 15% que atraían los ahorros de los dentistas austriacos, los jubilados alemanes y los comerciantes holandeses. Una economía sana, asentada sobre sólidas bases, se convirtió en una mesa de black jack. Ni siquiera faltó una campaña nacionalista a favor de la supremacía racial de la casta empresarial, lo que tal vez demuestra lo peligroso que es meter en la cabeza de la gente ese tipo de memeces, ya sea “las casas nunca bajan de precio” o “los islandeses controlan mejor el riesgo por su pasado vikingo”.

La fiesta se desbocó: los activos de los bancos llegaron a multiplicar por 12 el PIB. Solo Irlanda, otro ejemplo de modelo liberal, se acerca a esas cifras. Hasta que de la noche a la mañana -con el colapso de Lehman Brothers y el petardazo financiero mundial- todo se desmoronó, en lo que ha sido “el shock más brutal y fulminante de la crisis internacional”, asegura Jon Danielsson, de la London School of Economics.

Pero volvamos a Arnar y su relato: “La banca empezó a derrochar dinero en juergas con champán y estrellas del rock; se compró o ayudó a comprar medio Oxford Street, varios clubes de fútbol de la liga inglesa, bancos en Dinamarca, empresas en toda Escandinavia: todo lo que estuviera en venta, y todo a crédito”. Los ejecutivos se concedían créditos millonarios a sí mismos, a sus familiares, a sus amigos y a los políticos cercanos, a menudo, sin garantías. La Bolsa multiplicó su valor por nueve entre 2003 y 2007. Los precios de los pisos se triplicaron. “Los bancos levantaron un obsceno castillo de naipes que se lo llevó todo por delante”, cuenta Arnar, que conserva su empleo, pero con la mitad de sueldo. Acaba de comprarse un barco a medias con su padre con la intención de cambiar de vida: quiere dedicarse a la pesca.

La fábula de una isla de pescadores que se convirtió en un país de banqueros tiene moraleja: “Tal vez sea hora de volver al comienzo”, reflexiona el ingeniero. “Tal vez todo ese dinero y ese talento que absorbe la banca cuando crece demasiado no solo se convierte en un foco de inestabilidad, sino que detrae recursos de otros sectores y puede llegar a ser nocivo, al impedir que una economía desarrolle todo su potencial”, dice el presidente Grímsson.

La magnitud de la catástrofe fue espectacular. La inflación se desbocó, la corona se desplomó, el paro creció a toda velocidad, el PIB ha caído el 15%, los bancos perdieron unos 100.000 millones de dólares (pasará mucho tiempo antes de que haya cifras definitivas) y los islandeses siguieron siendo ricos, más o menos: la mita de ricos que antes. ¿De quién fue la culpa? De los bancos y los banqueros, por supuesto. De sus excesos, de aquella barra libre de crédito, de su desmesurada codicia. Los bancos son el monstruo, la culpa es de ellos y, en todo caso, de los políticos, que les permitieron todo eso. OK. No hay duda. ¿Solamente de los bancos?

“El país entero se vio atrapado en una burbuja. La banca experimentó un desarrollo repentino, algo que ahora vemos como algo estúpido e irresponsable. Pero la gente hizo algo parecido. Las reglas normales de las finanzas quedaron suspendidas y entramos en la era del todo vale: dos casas, tres casas por familia, un Range Rover, una moto de nieve. Los salarios subían, la riqueza parecía salir de la nada, las tarjetas de crédito echaban humo”, explica Ásgeir Jonsson, ex economista jefe de Kaupthing. El también economista Magnus Skulasson asume que esa locura colectiva llevó a un país entero a parecer dominado por los valores de Wall Street, de la banca de inversión más especulativa. “Los islandeses hemos contribuido decisivamente a que pasara lo que pasó, por permitir que el Gobierno y la banca hicieran lo que hicieron, pero también participamos de esa combinación de codicia y estupidez. Los bancos merecen sentarse en el banquillo y nosotros nos merecemos una parte del castigo: pero solo una parte”, afirma en el restaurante de un céntrico hotel.

Una cosa salva a los islandeses, de alguna manera les redime de parte de esos pecados. En su incisivo ¡Indignaos!, Stephane Hessel describe cómo en Europa y EE UU los financieros, culpables indiscutibles de la crisis, han salvado el bache y prosiguen su vida como siempre: han vuelto los beneficios, los bonus, esas cosas. En cambio, sus víctimas no han recuperado el nivel de ingresos, ni mucho menos el empleo. “El poder del dinero nunca había sido tan grande, insolente, egoísta con todos”, acusa, y, sin embargo, “los banqueros apenas han soportado las consecuencias de sus desafueros”, añade en el prólogo del libro el escritor José Luis Sampedro.

Así es: salvo tal vez en el Ártico. Islandia ha hecho un valiente intento de pedir responsabilidades. “Dejar quebrar los bancos y decirles a los acreedores que no van a cobrar todo lo que se les debe ha ayudado a mitigar algunas de las consecuencias de las locuras de sus banqueros”, asegura por teléfono desde Tejas el economista James K. Galbraith.

Contada así, la versión islandesa de la crisis tiene un toque romántico. Pero la economía es siempre más prosaica de lo que parece. Hay quien relata una historia distinta: “Simplemente, no había dinero para rescatar a los bancos: de lo contrario, el Estado los habría salvado: ¡Llegamos a pedírselo a Rusia!”, critica el politólogo Eirikur Bergmann. “Fue un accidente: no queríamos, pero tuvimos que dejarlos quebrar y ahora los políticos tratan de vender esa leyenda de que Islandia ha dado otra respuesta”.

Sea como sea, la crisis ha dejado una cicatriz enorme que sigue bien visible: hay controles de capitales, un delicioso eufemismo de lo que en el hemisferio Sur (y más concretamente en Argentina) suele llamarse corralito. El paro sigue por encima del 8%, tasas desconocidas por estos lares. El desplome de la corona ha empobrecido a todo el país, excepto a las empresas exportadoras. Cuatro de cada diez hogares se endeudaron en divisas o con créditos vinculados a la inflación (parece que, por lo general, para comprar segundas residencias y coches de lujo), lo que ha dejado un agujero considerable en el bolsillo de la gente. Tras dejar quebrar el sistema bancario, el Estado lo nacionalizó y acabó inyectando montones de dinero -el equivalente a una cuarta parte del PIB- para que la banca no dejara de funcionar, y ahora empieza a reprivatizarlo: la vida, de algún modo, sigue igual.

Todo eso ha elevado la deuda pública por encima del 100% del PIB, y para controlar el déficit tampoco los islandeses se han librado de la oleada de austeridad que recorre Europa desde el Estrecho de Gibraltar hasta la costa de Groenlandia: más impuestos y menos gasto público. Al cabo, Islandia tuvo que pedir un rescate al FMI, y el Fondo ha aplicado las recetas habituales: se han elevado el IRPF y el IVA islandeses y se han creado nuevos impuestos, y por el lado del gasto se han bajado salarios y beneficios sociales y se están cerrando escuelas; se ha reducido el Estado del bienestar. Que es lo que suele suceder cuando de repente un país es menos rico de lo que creía.

“Hemos recorrido una década hacia atrás”, cierra Bergman. Y aun así, el Gobierno y el FMI aseguran que Islandia crecerá este año un 3%: el desplome de la corona ha permitido un despegue de las exportaciones, hay sectores punteros -como el aluminio- que están teniendo una crisis muy provechosa, y, al fin y al cabo, Islandia es un país joven con un nivel educativo sobresaliente. Entre la docena de fuentes consultadas para este reportaje, sin embargo, no abunda el optimismo. Uno de los economistas más brillantes de Islandia, Gylfi Zoega, dibuja un panorama preocupante: “Los bancos aún no son operativos, los balances de las empresas están dañados, el acceso al mercado de capitales está cerrado, el Gobierno muestra una debilidad alarmante. No hay consenso sobre qué lugar deben ocupar Islandia y su economía en el mundo. Vamos a la deriva… No se engañe: ni siquiera el colapso de los bancos fue una elección; no había alternativa. Islandia no puede ser un modelo de nada”.

Hay quien duda incluso de que los banqueros den finalmente con sus huesos en la cárcel: “Los ejecutivos han sido detenidos varias veces, y después, puestos en libertad: como tantas otras veces, eso es más un jugueteo con la opinión pública que otra cosa”, asegura Jon Danielsson. Hannes Guissurasson, asesor del anterior Gobierno y conocido por su férrea defensa de postulados neoliberales, incluso traza una fina línea entre el delito y algunas de las prácticas bancarias de los últimos años. “Muy pocos banqueros van a ir a la prisión, si es que va alguno: ¿qué ley vulnera la excesiva toma de riesgos?”, se pregunta.

Pero los mitos son los mitos (y un periodista debe defender su reportaje hasta el último párrafo) e Islandia deja varias lecciones fundamentales. Una: no está claro si dejar caer un banco es un acto reaccionario o libertario, pero el coste, al menos para Islandia, es sorprendentemente bajo; el PIB de Irlanda (cuyo Gobierno garantizó toda la deuda bancaria) ha caído lo mismo y sus perspectivas de recuperación son peores. Dos: tener moneda propia no es un mal negocio. En caso de apuro se devalúa y santas Pascuas; eso permite salir de la crisis con exportaciones, algo que ni Grecia ni Irlanda (ni España) pueden hacer.

La última y definitiva enseñanza viene de la mano del grupo salvaje, a quien nadie vio venir: ni las agencias de calificación ni los auditores anticiparon los problemas (aunque lo que no descubre una buena auditoría lo destapa una buena crisis: Pricewaterhousecoopers está acusada de negligencia). Pero los problemas estaban ahí: la prueba es que la inmensa mayoría de los ejecutivos de banca están de patitas en la calle y algunos esperan juicio. Nuestro Sigurdur Einarsson, el banquero más buscado, se compró una mansión en Chelsea, uno de los barrios más exclusivos de Londres, por 12 millones de euros. La mayoría de los banqueros que tienen problemas con la justicia hicieron lo mismo durante los años del boom, y menos mal que lo hicieron: la gente les abucheaba en el teatro, les tiraba bolas de nieve en plena calle, les lanzaba piropos en los restaurantes o les dejaba ocurrentes pintadas en sus domicilios. Salieron pitando de Islandia. El caso es que Einarsson no tuvo que marcharse: vivía en su estupenda mansión londinense desde 2005. La hipoteca no era problema: Einarsson decidió alquilársela al banco mientras vivía en la casa; al fin y al cabo, un presidente es un presidente, y ese es el tipo de demostraciones de talento financiero que solo traen sorpresas en el improbable caso de que la justicia se meta por medio. Islandia parece el lugar adecuado para que sucedan cosas improbables: según las estadísticas, más de la mitad de los islandeses cree en los elfos. En el avión de vuelta se entiende mejor la publicidad del aeropuerto, sobre todo porque las fuentes consultadas descartan que, si finalmente hay condena a los banqueros, el Gobierno islandés vaya a conceder un solo indulto. Esto es Islandia: paraíso sobrenatural. ¡Vaya si lo es! –

El ‘caso Icesave’ (y otras rarezas)

El tiburón putrefacto es uno de los platos típicos de Islandia, que tiene una noche inacabable (no solo por las horas de oscuridad), una de las pocas primeras ministras del mundo (Johana Sigurdardottir, abiertamente lesbiana) y un museo de penes (y esto no es una errata). La lista de rarezas es inacabable: es más fácil entrevistar al presidente de Islandia que al alcalde de Reikiavik, Jon Gnarr, célebre por pactar solo con quienes hayan visto las cuatro temporadas de The Wire. Con la crisis, las singularidades han alcanzado incluso al siempre aburrido sector financiero: en Londres han llegado a aplicarle métodos antiterroristas.

Landsbanki, uno de los tres grandes bancos islandeses, abrió una filial por Internet con una cuenta de ahorro a altos tipos de interés, Icesave, que hizo furor entre británicos y holandeses. Cuando las cosas empezaron a torcerse y el Gobierno británico detectó que el banco estaba repatriando capitales, le aplicó la ley antiterrorista para congelar sus fondos. Ese fue el detonante de toda la crisis: provocó la quiebra en cadena de toda la banca. Y sigue dando tremendos dolores de cabeza a Islandia.

Holanda y Reino Unido devolvieron a sus ciudadanos el 100% de los depósitos y ahora exigen ese dinero: 4.000 millones de euros, un tercio del PIB islandés, nada menos. El Gobierno llegó a un acuerdo para que los ciudadanos pagaran en 15 años y al 5,5% de interés: la gente se organizó para echarlo abajo en un referéndum, tras el veto del presidente. Así llegó un segundo pacto, más ventajoso (tipos del 3%, a pagar en 37 años), y de nuevo la gente decidirá en abril en referéndum si paga o no por los desmanes de sus bancos. Agni Asgeirsson, ex ejecutivo que fue despedido de Kaupthing y ahora trabaja como ingeniero en Río Tinto, es tajante al respecto: “El primer acuerdo era claramente un fraude. Este es más discutible. No queremos pagar, pero eso añadiría incertidumbre legal sobre el futuro del país. Pero lo interesante es cómo ha reaccionado la gente”. Ese es quizá el mayor atractivo de la respuesta islandesa: la parlamentaria y ex magistrada francesa Eva Joly (a quien se encargó el inicio de la investigación sobre la banca) asegura que lo más llamativo de Islandia es que en un país “que se consideraba a sí mismo un milagro neoliberal, y donde se había perdido gradualmente todo interés por la política, ahora la gente quiere tener su destino en sus propias manos”.

“Eso sí: la fe en los políticos y los banqueros tardará en volver, pero que mucho, mucho, tiempo”, cierra el cónsul de España, Fridrik S. Kristjánsson. –

1 Response to “Islàndia fica els seus banquers a la presó”


  1. 1 veroeins 4 Mai 2011 a les 17:42

    Avui dia 4 de maig surt la notícia de les retallades i privatitzacions imposades a Portugal pe la UE, el FMI, i el BCE : Encara que el president del govern en funcions José Sócrates havia assegurat que el rescat no implicaria retallades, l’acord en determina moltes, també de sou i de pensions. I no exclou obligar a més sacrifics si aquests no són suficients.

    La UE y el FMI imponen fuertes recortes sociales a Portugal para recibir el rescate

    El acuerdo con el Gobierno en funciones reduce las pensiones, las prestaciones por desempleo y el gasto en educación y sanidad.- Subirá el IRPF, el IVA, el impuesto de sociedades y los tributos especiales

    EL PAÍS 04/05/2011

    Principales magnitudes macroeconómicas de Portugal-

    El FMI y la UE han condicionado el rescate financiero de 78.000 millones de Portugal a que el país, el tercero que ha tenido que activar la ayuda de sus socios del euro, acometa más recortes sociales. Según el memorándum del acuerdo alcanzado entre el Gobierno en funciones de José Sócrates con la troika que representa al FMI, la UE y el BCE, el próximo Ejecutivo que salga de las elecciones del 5 de junio tendrá que afrontar la congelación de las pensiones y el recorte de aquellas que superen los 1.500 euros mensuales, los recortes de los sueldos de los funcionarios y la disminución de las prestaciones por desempleo, así como ajustes de gasto generalizados en educación, sanidad y funcionamiento de las administraciones.

    Aunque Sócrates aseguró ayer que no habría más recortes, el acuerdo se ceba con el gasto social

    Aunque ayer Sócrates aseguró que no se iban a aprobar recortes sociales más allá de los que ya se han puesto en marcha, las condiciones que le han impuesto los organismos internacionales para recibir el dinero rebaten esta teoría, según el texto del acuerdo. Gracias a estas medidas, el acuerdo prevé un ahorro de 10.400 millones de euros de aquí hasta 2013. Un esfuerzo necesario para reducir el déficit público del 9,1% con el que cerró 2010 al límite del 3% que impone Bruselas al final del periodo. Por lo que respecta al lado de los ingresos, la UE y el FMI obligan al Gobierno a subir el IRPF, el IVA, el impuesto de sociedades y los impuestos especiales.

    En el sector público, donde ya está vigente la congelación de sueldos, el acuerdo obliga a prorrogar la medida hasta 2013, cuando antes solo estaba prevista para este año. Además, junto al recorte de sueldo del 5% para los funcionarios que cobren más de 1.500 euros, impone un recorte en el número de funcionarios en un 1% en la Administración Central y en un 2% en las autonómicas y locales al año durante los próximos tres ejercicios. Para ello, aunque no se despedirá a nadie, se limitarán las incorporaciones de nuevos trabajadores. También recorta los beneficios de algunos colectivos como los miembros de las Fuerzas Armadas.

    Tijeretazo en las pensiones

    En las pensiones, extiende a los jubilados que cobren más de 1.500 euros el recorte del 5% en los salarios de los funcionarios con sueldos altos. También las congela en 2012, salvo las mínimas que seguirán subiendo en función de la inflación. Entre estas dos medidas se calcula un ahorro de 445 millones.

    En cuanto a las prestaciones por desempleo, a partir de finales de este año reducirá su duración desde el tope actual de los 3 años a 18 meses. Además, a partir de los seis meses de prestación, esta se reducirá progresivamente empezando por un tijeretazo del 10%. Con estas medidas, además de reducir el gasto en 150 millones, se confía en reducir el paro de larga duración. Sin salir del mercado laboral, insta a presentar una reforma laboral a finales de 2011 que reduzca las indemnizaciones por despido y reduzca las diferencias entre trabajadores indefinidos y temporales.

    En sanidad, impone una serie de recortes del gasto y racionalización para dejar de gastar 550 millones en 2012 y otros 375 millones en 2013. Este ahorro se verá reforzado por el aumento de las tasas que abonan los usuarios de la sanidad pública y el recorte de las exenciones que disfrutan las rentas más bajas en esta especie de copago. En educación, el texto recoge un ajuste de 195 millones el próximo año y de 175 al siguiente entre varias medidas. Entre ellas destaca la reducción de las necesidades de personal.

    Menos inversiones y más eficiencia

    Dentro del funcionamiento de las Administraciones Públicas, el abanico de actuaciones acordadas entre el Ejecutivo en funciones de Sócrates y la UE y el FMI y que pasan por la racionalización de servicios -esto es, el recorte de aquellos que se consideren superfluos- y otras, se calcula un ahorro total de 1.500 millones anuales para 2012 que se reducirá a al menos 850 millones durante el siguiente ejercicio. Para ello, reducirá los sueldos del personal de las empresas públicas o semipúblicas y recortará gastos operativos en un 15%. También sacará la tijera en las transferencias desde el Estado a las administraciones regionales. Aparte de estas actuaciones, disminuirá la partida de inversiones públicas en 500 millones en 2012 y en 350 millones en 2013.

    En el apartado de impuestos, los sube en general. Así, reduce las exenciones y deducciones en el de sociedades y en el impuesto sobre la renta. También prevé una subida del IVA para recaudar 410 millones anuales más desde 2012 eliminando exenciones y bienes sujetos a tipos reducidos. Junto a ello, sube de los impuestos especiales a los coches y el tabaco, crea un nuevo impuesto sobre la electricidad y establece actualizaciones automáticas de los mismos en función de la inflación. A su vez, incrementa la imposición inmobiliaria.

    Sin abandonar los ingresos, fija una serie de privatizaciones de empresas públicas para recaudar 5.500 millones. Las compañías afectadas son la eléctrica EDP y la distribuidora REN, la petrolera Galp, la aerolínea TAP, Caixa Seguros y Correos de Portugal. Sin embargo, Caixa Geral de Negocios, el mayor banco del país y también de titularidad pública, se queda fuera de este paquete. A cambio deberá reforzar sus niveles de solvencia dentro de la reforma del sector financiero, al que destina un 15% de los fondos de los que consta el rescate (12.000 millones).

    Más reformas

    De hecho, para completar el programa de regreso a la sostenibilidad financiera del país, la UE y el FMI imponen una serie de reformas estrcuturales. Junto a la modificación del mercado laboral y la reestructuración del sector financiero, también obliga a reformar la justicia, la administración, la sanidad, la energía y el sector de las telecomunicaciones. Además, con vistas al futuro, el texto del acuerdo advierte de que, en caso de que no se cumplan los objetivos de déficit previstos, se tendrán que tomar medidas adicionales.

    El acuerdo del rescate financiero, que la troika está presentando a la oposición para que se sume al pacto, será debatido por los ministros europeos el próximo 16 de mayo. El respaldo de todos los grupos es esencial ya que será el Gobierno que salga de las elecciones el que deba ponerlo en marcha. En el plano europeo, una de las incógnitas de la cumbre será la posición de Finlandia, nada clara tras el ascenso de la ultraderecha en las últimas elecciones. De hecho, el rescate de Portugal está dificultando allí la formación del nuevo Ejecutivo. De ser aprobado, Lisboa empezaría a recibir fondos a finales de este mes, con lo que podrá abonar sin problemas los vencimientos que tiene para entonces.


Deixa un comentari

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

Esteu comentant fent servir el compte WordPress.com. Log Out / Canvia )

Twitter picture

Esteu comentant fent servir el compte Twitter. Log Out / Canvia )

Facebook photo

Esteu comentant fent servir el compte Facebook. Log Out / Canvia )

Google+ photo

Esteu comentant fent servir el compte Google+. Log Out / Canvia )

Connecting to %s





%d bloggers like this: